Importancia de la validación clínica en investigación proteómica

El enorme progreso que han experimentado las técnicas proteómicas en las últimas dos décadas ha permitido la identificación de un gran número de proteínas que potencialmente podrían actuar como nuevos biomarcadores para el diagnóstico, estadiaje, pronóstico y manejo terapéutico de muchas enfermedades. Este indudable avance abre una nueva y prometedora era para aquellas patologías que tienen una mayor prevalencia a nivel mundial, como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer, cuyo diagnóstico precoz se ve actualmente impedido por la ausencia de biomarcadores adecuados. Y no sólo éstas, sino también enfermedades endocrinas, inflamatorias, autoinmunes y degenerativas, entre otras muchas, podrían verse beneficiadas por la introducción en la práctica clínica de biomarcadores más sensibles y específicos.

 

Sin embargo, a pesar de que la investigación proteómica descubre a diario decenas de proteínas candidatas, el número de biomarcadores que finalmente llegan a la práctica clínica sigue siendo muy bajo. Básicamente podemos identificar dos grandes razones que explican este aparente fracaso; 1) estas proteínas tienen un significado clínico desconocido o su funcionalidad no está descrita de forma completa. 2) no muestran una expresión consistente o suficiente para justificar su inclusión en la práctica clínica.

 

Resulta evidente que cualquier proteína candidata propuesta como potencial biomarcador debe tener, en primer lugar, un interés clínico. Esto implica que su papel en la enfermedad que se esté estudiando debe estar bien establecido, debe ser medible en fluidos biológicos con las técnicas que se utilizan en clínica actualmente, debe suponer una mejora en términos de sensibilidad y especificidad frente a los biomarcadores existentes y su determinación debe ser coste-efectiva.

 

Limitaciones actuales

Más allá de su enorme capacidad para identificar nuevos y potenciales biomarcadores de enfermedad existen dos aspectos fundamentales en los que las técnicas proteómicas se diferencian de los análisis realizados en un laboratorio clínico y que condicionan la validez de los resultados obtenidos:

 

  • La mayoría son fundamentalmente manuales y lentas. Precisan numerosos pasos intermedios que modifican la composición original de la muestra, de tal manera que cuanto mayor sea el número de pasos utilizados mayor será la diferencia entre la muestra final que se analiza y el plasma de origen.
  • Dado que las técnicas proteómicas son principalmente manuales, sus resultados siempre van a depender en gran medida de la experiencia del investigador, afectando a su reproducibilidad.

Estas dos importantes limitaciones implican que la validez de sus resultados deba evaluarse cuidadosamente. La simple validación con técnicas de investigación básica como SRM, MRM o Western blot no es suficiente ya que ninguna de ellas se emplea en la práctica clínica. Las diferencias observadas en las proteínas candidatas entre los grupos de controles sanos y de pacientes deberían confirmarse siempre en condiciones clínicas.

 

Hacerlo aporta principalmente dos grandes ventajas; por un lado, incrementa la relevancia de los resultados obtenidos permitiendo publicar en revistas de mayor índice de impacto y, por otro, aumenta el interés de la industria farmacéutica por esas proteínas candidatas al poder demostrar que los resultados obtenidos en investigación básica son directamente aplicables a la práctica clínica.

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