Presente y futuro de la medicina genómica en enfermedades cardiovasculares

Desde la década los ’90 las pruebas genéticas en cardiología se han recomendado para pacientes que presentan síntomas de una enfermedad cardiovascular hereditaria o tienen un alto riesgo porque existe una variante patogénica conocida en su familia. En 2020, la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) emitió una declaración recomendando pruebas genéticas para pacientes diagnosticados con todas las formas de miocardiopatía, trastornos arrítmicos, trastornos vasculares y trastornos lipídicos, como la hipercolesterolemia familiar.

 

En la actualidad, los clínicos tienen a su disposición un amplio abanico de posibilidades que van desde la secuenciación de un solo gen o un panel de genes que se hayan asociado previamente con la enfermedad que están estudiando, hasta la secuenciación del exoma completo (WES) o del genoma completo (WGS). El estudio de WGS es más común en entornos de investigación que en la clínica porque sirve para ampliar el conocimiento de las relaciones entre genes y enfermedades. Dichos estudios revelan que a menudo existen múltiples variantes de genes comunes de efecto pequeño (SNP, polimorfismos de un solo nucleótido) que aumentan acumulativamente el riesgo de enfermedad cardiovascular. Los investigadores pueden utilizar esta información para generar puntuaciones de riesgo poligénicas que reflejen la susceptibilidad de una persona a la enfermedad, incluso antes de que presente algún síntoma, y, por tanto, es probable que la oportunidad de adoptar medidas preventivas acelere el uso de estudios WGS o WES en la práctica clínica.

A pesar de esta aparente disponibilidad, la cardiogenómica está todavía en fase de desarrollo. Muchas variantes de genes asociadas con enfermedades cardiovasculares son de importancia desconocida (VSI, variantes de significado incierto) y, por tanto, de utilidad clínica limitada. En estos casos, se necesitan nuevos estudios que permitan una mejor comprensión de cómo estas variantes interactúan con otros genes y factores ambientales para poder determinar su patogenicidad. Del mismo modo, la integración con otros datos “ómicos” con mayor desarrollo en enfermedades cardiovasculares, como la proteómica y la metabolómica, también ayudará a alcanzar un entendimiento más profundo de su fisiopatología.

La cardiogenómica, una herramienta indispensable

A medida que los investigadores aprenden más sobre los mecanismos por los cuales la variación genética contribuye a la enfermedad, pueden comenzar a examinar los efectos de fármacos conocidos en grupos seleccionados de pacientes o utilizar este conocimiento para desarrollar otros nuevos. Por ejemplo, las mutaciones en los genes que codifican las subunidades de los canales iónicos (KCNQ1, KCNH2, SCN5A) son responsables del 75% de los casos de síndrome de QT largo. Las pruebas de estos genes no sólo confirman el diagnóstico, sino que también pueden orientar a la hora de adoptar las mejores estrategias de tratamiento.

 

Sin embargo, el paso desde la investigación a la clínica no es inmediato y se necesita tiempo para que las mutaciones recientemente descubiertas asociadas con enfermedades cardíacas se conviertan en pruebas clínicas. Por ejemplo, existe un tratamiento eficaz en el mercado para la amiloidosis cardíaca hereditaria, una enfermedad en la que el depósito de amiloide en los músculos cardíacos dificulta la capacidad del corazón para bombear sangre. A pesar de que se conoce el papel de mutaciones en el gen TTR en el desarrollo de esta enfermedad, el hecho de no realizar el análisis de este gen de manera rutinaria limita el acceso de los pacientes al tratamiento. Otros ejemplos similares serían la secuenciación del gen LMNA, en pacientes con miocardiopatía dilatada o de los genes LDLR, APOB y PCSK9 en pacientes con hipercolesterolemia familiar. Las pruebas genéticas para identificar versiones mutadas de estos genes rara vez se realizan, a pesar de que elevan el riesgo de esta enfermedad.

 

En definitiva, descifrar cómo se transcribe y expresa el código genético es clave para el definitivo desarrollo e implementación clínica de la Medicina Personalizada. La identificación de mutaciones potencialmente patogénicas tendrá un impacto sustancial en la práctica de la cardiología, una especialidad médica en la que la medicina genómica apenas había tenido relevancia hasta ahora. Al igual que está sucediendo ya en otras patologías este conocimiento ayudará a la prevención de enfermedades cardiovasculares y a mejorar los ratios de supervivencia y la calidad de vida de los pacientes gracias a una intervención temprana.

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